Maybach 62

 

Maybach 62

El Maybach 62 es el sedán más distinguido y señorial de su catálogo, una línea de trabajo algo conservadora que no ha sido óbice para incrementar su abanico digital con respecto a la generación de 2003. Concebido como una limusina camuflada, tiene capacidad para cuatro pasajeros y suele ser conducido por un chófer, especialmente porque sus dueños suelen ser magnates y empresarios multimillonarios que prefieren disfrutar su batería tecnológica en la fila trasera. No hay mini-bar ni nevera como en el Landaulet, aunque sí otros alicientes que ni siquiera Rolls Royce oferta. En el dorso de los reposacabezas delanteros se alojan dos pantallas personales LCD de 9,6” acompañadas de otra central HD de 19” y que se asocian a un reproductor DVD. Incluso, el monitor de mayores dimensiones integra un router WLAN que proporciona Internet vía Wi-Fi en toda la cabina.

Maybach 62

Los ajustes y acabados del interior –casi todos rematados en porcelana y en madera– responden a las exigencias sibaritas de sus clientes, aunque esas inserciones en fibra de carbono distorsionan ese ambiente elitista creando algo de confusión. Un coche que cuesta 530.000 € (el 57 no supera los 455.000) no puede permitirse esos lapsus, aunque arregla el desaguisado con esas butacas de cuero que se reclinan como los de la clase Business de los aviones. Es más, si quieres añadir un plus aún más lujoso, Maybach permite incorporar en ellos una función de masaje. El excesivo espacio que hay en la zona posterior no ha repercutido en la capacidad de su maletero, que alberga 650 litros de carga y culmina un diseño clásico –quizá demasiado lineal– que despliega unos aparatosos 6,16 metros de longitud, 40 cm más que el 57, y 3,82 de batalla. No obstante, hay modificaciones interesantes que le apartan de la sobriedad: la carrocería se puedes escoger en color Azul Bahamas, los pilotos delanteros tienen iluminación LED y las llantas (de 19” y 21”) van pintadas en una tonalidad nueva denominada Plata Titanio.

 


Maybach 62

Una característica común a otros sedanes de lujo como el Phantom o el Mulsanne es la elección de un propulsor contundente para que sus más de 2,8 kilos de tonelaje se desplacen con soltura. El 62 se sirve de un motor turboalimentado de doce cilindros en ‘V’ y 5,5 litros de cilindrada que responde con aplomo y sin concesiones cuando el conductor lo requiere hasta plantarse en los primeros 100 km/h en 6,4 segundos. Entrega 551 CV, 900 Nm entre 2.200 y 3.300 rpm, y consume 15,1 litros a los 100 (0,8 menos), aunque hay disponible otra variante más explosiva –62 S–, que monta un V12 de gasolina y 6.0 litros que eroga 630 CV/1.000 Nm y eleva su gasto de carburante en ciclo urbano hasta los 24,6 l/100 km.

La tracción trasera invade las mecánicas de ambas versiones, así como el cambio automático de cinco velocidades, heredado del modelo precedente y que no mejoran sus abultados niveles de emisiones: 350 y 368 g/km de CO2 respectivamente. Por supuesto, el 62 no alcanza la plenitud en materia de seguridad de la edición especial Guard, ya que éste introduce una carrocería blindada con refuerzos en acero de alta resistencia y kevlar, aunque el resto de funciones son idénticas. A saber: el control de estabilidad ESP, la suspensión neumática, los airbags laterales traseros…


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